Son varias las dimensiones en las que los hombres nos sentimos perdidos, petrificados, vacíos o sobrepasados. Son los bloqueos que nos impiden seguir avanzando en nuestro crecimiento y que, como si de entidades propias se tratasen, pretenden que nos mantengamos en el mismo sitio, repitiendo patrones.
Repaso algunos de ellos:
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¿Te suenan estas frases? Seguro que las has escuchado en otros hombres o tú mismo las has mencionado alguna vez. A mí sí me suenan, de mi padre y mi abuelo, también de mí mismo en algunos momentos. Ideas que están grabadas a fuego en nuestra piel.
Este es un detector muy práctico que he recuperado en mi vida: atender a tu cuerpo y a las sensaciones que emanan de él. Tensión, rigidez, un pellizco en el pecho o el estómago, respiración insuficiente o agitada, brazos pesados, espalda cargada, ganas de salir corriendo en tus piernas, un nudo en la garganta o asfixia, sudor en las manos o la espalda, ano y genitales comprimidos, cabeza con ruido o que te va a estallar, voz entrecortada...
Esto puedes experimentarlo cuando quieres hacer o decir algo (o dejar de hacer o de decir) pero no te atreves, ante esa posibilidad te hallas inseguro, nervioso, dudoso, evitativo, controlador, indiferente, dominante, manipulador, infantil o agresivo.
Lo cierto es que cuando nos encontramos al borde de una situación o contexto que no es donde nos manejamos habitualmente nuestras alertas se disparan y es aquí cuando podemos bloquearnos. Básicamente los bloqueos se nutren del Miedo: es una fuente inagotable de bloqueos, porque todo lo que he listado en los párrafos anteriores surge de la carencia interna adquirida en las etapas infanto-juvenil a la hora de sentirnos validados, reconocidos, apoyados y respetados en nuestros sentimientos, pensamientos y conductas. Es aquí cuando la Esencia Masculina se diluye y pierde fuerza.
Ya lo dice Robert Bly en su obra de referencia para nosotros “Iron John” que el camino del hombre joven pasa por el encuentro con el ‘hombre salvaje’ dejando atrás a la familia, especialmente a la madre, siendo este ‘hombre salvaje’ la representación de todo lo que a los hombres se ha señalado como inapropiado, inaceptable e intolerable, tanto por la presencia de la mujer como del hombre, como también lo primario, puro y esencial.
Ante este paradigma hemos aprendido a autorizarnos y permitirnos una serie de conductas y cualidades (apropiadas, aceptables y tolerantes) negando y denostando otras, conduciendo inevitablemente a la polarización, los extremos. Este proceso, recorrido realizado por todos nosotros desde niños hasta ahora, lo realizamos en soledad, sin referentes que nos guíen, valorando los costes-beneficios en base a salvar nuestro culo a toda costa, alejándonos de nuestra vulnerabilidad y apagando la luz de nuestra verdadera esencia. Somos sólo una parte, una mitad, de lo que podemos ser.
Niños heridos perdidos dentro de cuerpos petrificados de hombres adultos.
La Esencia Masculina es la totalidad de las cualidades del Ser conviviendo en armonía. Podemos hablar de un equilibrio entre un poder femenino (energía femenina o yin) y un poder masculino (energía masculina o yang) que existe en todo hombre y que, habitualmente, se encuentra en desequilibrio.
Desde esta Esencia Masculina experimentamos la serenidad para Ser hombres en estado puro, esencial, validando nuestros poderes en su totalidad, sin mitades.
Si los bloqueos se nutren del Miedo, la Esencia Masculina se nutre del Amor: cuando el hombre se reconcilia con sus heridas infanto-juveniles, se reconoce en sus sombras compasivamente, se da permiso para habitar en su poderosa vulnerabilidad... es cuando el hombre regresa hacia sí mismo, sin escisiones, divisiones o bloqueos, a su auténtico poder, el del Amor. Este proceso puede ser difícil, doloroso también, pero te garantizo que sus beneficios son mucho mayores que sus costes. Para mí ha sido y es así, pues me siento en constante proceso, revisándome, adentrándome en mis heridas y mis sombras.
Un ‘hombre salvaje’ no reniega de su fuerza, ni de su silencio, ni de su diligencia. Tampoco de su propia luz, su sexualidad o su vulnerabilidad. El ‘hombre salvaje’, esencial, acoge todo lo que experimenta, siente y piensa, y lo baña en ése agua que lo transforma todo en oro, el agua del Amor.
“¿Qué harías si no tuvieras Miedo?” Una pregunta que habrás podido escuchar o decirte a ti mismo. Toda clave para volver a la Esencia Masculina pasa por un recorrido desde el Miedo hacia el Amor. Voy a describirte las 4 claves que he encontrado en mi propia senda para que esta Esencia se vivencie en mí:
Creemos que la vulnerabilidad es mala y que es lo mismo que debilidad. No pasa nada por ser débil, pero ser vulnerable es abrirte a la vida con confianza dejando que te lleguen la experiencias que afrontarás desde el Amor (ser débil lo siento más como una falta de energía vital).
Cuanto más vulnerable te permitas más conectado estarás con tu Esencia Masculina, y podrás vivenciar una plenitud y una abundancia incomparables con tu ahora: exponerte a lo que te aterra con respeto y escucha, hablar de lo que te duele emocionalmente, darte espacios de silencio y quietud, reencontrarte con tu Niño Interior... maneras de estar vulnerable que promueven una presencia absoluta.
Por poco que sea, probablemente te tratas con dureza, severidad o exigencia. Hay momentos para ser exigente, ante tus retos personales que te aportan satisfacción y orgullo, más allá de esto, es dañino.
El resto del tiempo adopta un buen trato hacia ti, tu cuerpo, tus emociones y tus pensamientos. Aprende a aceptar que puedes ser limitado en ocasiones y que no llegas a todo o no lo sabes todo, que te equivocas y que dudas de tus decisiones. Acércate a un espejo para verte desnudo y encontrarte contigo sin máscaras ni artificios. El poder del Amor transforma todo juicio y crítica en bondad y perdón.
Y recuerda tratar a tu entorno y tu gente de la misma forma.
No he encontrado nada que sane más que el compartir lo que nos atormenta, nos duele o nos agobia. Encuentra un entorno de confianza y apoyo para hablar, dejar que salga tu voz, o tus lágrimas, tus risas, tus gritos, tu desesperanza, tu exaltación... Un espacio con alguien que esté presente para ti, o un grupo como los Círculos de Hombres donde compartirte desde tus heridas y tus sombras.
El dolor compartido no deja de doler ni es menos dolor, se transforma al pasar por los corazones, se transmuta con la compasión, la empatía y el apoyo que nacen desde el Amor. Te aseguro que comunicar tu mundo interior, mostrarlo y que desde afuera lo conozcan va a ser un gran recurso para volver a tu Esencia Masculina.
Ni más ni menos. La última clave confronta directamente la creencia de que “no soy bueno (apto, apropiado, digno, merecedor, válido...)” para decirnos certeramente que SÍ ERES BUENO, en tu totalidad, tus luces y sombras, tus habilidades y limitaciones, tus logros y fracasos, tu sabiduría e ignorancia, tu cuerpo y alma, tu sexualidad y deseo, tu valor y cobardía, tu poder y debilidad, tu seguridad y dudas...
Si algo quiero dejarte claro es que esta clave depende de tu determinación para abrazar toda esta lista de dimensiones del Ser. Es fácil y cómodo quedarse en lo adquirido de no ser bueno ni merecedor para estar en la víctima y la rebeldía. El verdadero paso radica en dejar atrás esta ‘comodidad’ para aceptar que nuestras heridas han construido un personaje, una máscara, para intentar sobrevivir a la gran traición que hemos cometido: abandonar a nuestro Niño Interior. Y esto, honestamente, es un gran acto de valentía.
Gracias