La entrada de Wikipedia es muy interesante en cuanto a la historia y evolución del porno.
Así pues, lo pornográfico (lo explícito) ya está recogido en la historia documentada de la humanidad. Con la llegada de la imprenta, la fotografía, el cine, Internet, los smartphone y ahora la realidad virtual, la comunicación adquiere un nuevo sentido y el porno toma nuevas dimensiones que acaban por escaparse de nuestras manos.
Consideremos también cómo la publicidad ha jugado con lo erótico para crear necesidades y expectativas en nosotros. El culto al cuerpo, el éxito o el placer se han incluido en los anuncios con más o menos énfasis. Y el impacto que esta publicidad provoca es, indudablemente, inmensa, pues es un estimulo que juega con la provocación, el tabú, lo prohíbido o lo “inalcanzable”.
Alrededor del 75% de los hombres ven porno antes de los 16 años, el acceso desde los móviles a precipitado este dato entre los 8 y los 13 años de edad, y el 45% llegan al porno sin buscarlo intencionadamente, de los que acceden con intención el 62% lo usan para masturbarse y el 43% por curiosidad (datos oficiales).
Muchos de nosotros hemos accedido a revistas porno o eróticas en nuestra juventud, a películas X en VHS, luego a webs en Internet, ahora a millones de vídeos en portales porno en el móvil… Los hombres vemos el porno por muchos y diferentes motivos: excitarnos, fantasear, aprender, comparar… y a menudo satisfacer carencias afectivas, dificultades en nuestras habilidades sociales o buscando un reconocimiento vital.
Como el alcohol, el consumo del porno puede derivar en adicción, lo mismo que el sexo, pero lo mismo que el buscar enamorarse continuamente. Sin criminalizar ni dogmatizar: el consumo en exceso del porno tiene consecuencias negativas para los hombres. Y son:
A mí me interesan especialmente estas consecuencias que deja en el hombre:
¿Significa esto que el porno es nocivo y que no debemos consumirlo? ¿Existe un buen uso del porno? Vamos a seguir para dar respuesta a esta pregunta.
Si en algo ha revolucionado nuestras vidas Internet y los smartphone es en la manera de relacionarnos y compartirnos. Hoy en día es habitual chatear, o hacer vídeollamadas, o usar apps para conocer gente. Y esto es aplicable al sexo y a la pornografía.
Desde ésta manera de relacionarnos es común tener conversaciones calientes (sexting), con intercambio de fotografías propias desnudos o teniendo sexo con otras personas, entrar a un videochat para ver a mujeres y hombres masturbándose (sexcam), incluso activar tu cámara para que te vean a ti, y utilizar las apps para tener sexo rápido.
De nuevo las consecuencias de un abuso de estas prácticas van relacionadas a la distorsión de la realidad, la ansiedad, la cosificación, añadiendo la frustración.
Hacer sexcam puede dar lugar a creer que importas a esa persona que ves en pantalla, cuando probablemente este afiliada a un programa de remuneración (es decir, que cobre por esta ahí).
Y las apps de ligue, o sexo, son un escaparate, tal cual, donde prima el físico, lo inmediato y la ausencia de empatía. Desde estas apps y el sexting, el bloqueo es una práctica habitual, donde se ignora a la otra persona sin tenerla en consideración.
Hasta aquí esta parte 1 del artículo, la próxima semana seguiré ampliando este interesante y controvertido tema.
Gracias