Me llega esta película recomendada por mi compañera Ángeles con la cual descubro una apasionada historia de una apasionada mujer, brasileña, psiquiatra, prisionera, escritora, pionera, revolucionaria: Nise da Silveira (1905-1999), doctora pionera en la introducción de actividades creativas en el tratamiento de enfermedades mentales (en contra de las invasivas lobotomías o terapias de electrochoque que surgían en la época), además introdujo el uso de animales como apoyo de la terapia así como el psicoanálisis de Carl Gustav Jung con el que mantuvo amistad profesional.

No me centraré en la vida y logros de Nise da Silveira, pues existen textos ya dedicados a su memoria (Wikipedia, Mujer con ciencia, Al día, EmociónArte), si lo haré en los mensajes de esta película que nos acerca su vida y su lucha personal.

Dirigida por el documentalista Roberto Berliner y estrenada en 2015, el peso de esta historia recae en la brasileña Glória Pires, procedente del mundo de la televisión, arropada por Claudio Jaborandy, Fernando Eiras o Georgiana Góes.

La historia narra el regreso de Nise a la práctica psiquiátrica, alejada tras un periodo de encarcelamiento y clandestinidad entre 1936 y 1944 por sus ideales políticos, en el centro psiquiátrico nacional Pedro II de Río de Janeiro, donde se espanta por las nuevas técnicas de tratamiento invasivas y es trasladada al área de terapia ocupacional, un espacio muerto donde los pacientes languidecen limpiando letrinas.
En poco tiempo desarrolla la Sección de Terapéutica Ocupacional, en 1946, donde los internos utilizan artes plásticas como la pintura o la escultura para expresar su mundo interior y poder comunicar este inconsciente. Además de permitir el acceso de perros como compañeros al servicio de la terapia, Nise ofrece excursiones al campo, verbenas y exposiciones de las obras de sus, ahora, clientes.
Todo ello representa una nueva manera de ver a estos pacientes, más humanista y respetuosa, dando una libertad hasta entonces desconocida, tratándolos como seres humanos y no como deshechos.

Necesitan ser tratados como seres humanos.

Uno de los aspectos que más me han emocionado de esta historia es la perseverancia y lucha persona de Nise, que no se deja pisotear fácilmente por sus colegas de hospital, negacionistas de su método.

Nise cree firmemente en que estos pacientes (esquizofrénicos, psicóticos) requieren de libertad, escucha, atención y trato humano. Es decir, que pasen de ser “pacientes” a ser “clientes”, como ella misma menciona.

No son golpeados si gritan, no son drogados para adormecerles, no son encerrados como criminales. Al contrario, son estimulados, respetados y liberados dentro de un espacio abierto a la expresión. Quizá la expresión más sutil y poderosa de este modelo terapéutico es dar la posibilidad de que los «clientes» se vistan como personas de la calle, en lugar de usar el pijama de interno.

A partir de ahora no son “pacientes”, nos referiremos a ellos como “clientes”.

El segundo aspecto que destaco es la visión puramente humanista de esta psiquiatra, con el cual el trato de sus pacientes pasa por ser un trato atendiendo a las necesidades de la persona (si necesita moverse, o sentarse, o no quiere hacer nada es facilitado).

El paciente no es ya un objeto, si no un sujeto dotado de necesidades y también de capacidades, que se reflejan en diversas habilidades para la pintura o la escultura sin tener nociones previas (exceptuando al joven Raphael Domingues).

Nise, con la colaboración del propio Jung, interpretó las obras de sus pacientes (mandalas en su mayoría) como representaciones del inconsciente que favorecían la vinculación con la realidad.

Escucha, observa ¡…y cállate esa boca!

Un tercer aspecto que llama mi atención es la capacidad de observación de Nise, que fomenta entre su equipo de enfermeros, acostumbrados a métodos de represión y castigo, mientras que ella aboga por una metodología observacional libre de juicios y aceptando que el paciente, la persona, se exprese como necesite realmente.

Parecería que en un centro psiquiátrico esto podría invitar a la anarquía, pero si algo refleja esta historia es necesidad de afrontar el tratamiento de estas personas desde un profundo respeto y no desde un desconectado temor.

Así, las órdenes que los médicos pudieran dar quedan obsoletas, ya que ni escuchan ni observan, solo hablan desde un temor a dichas personas. Nise callaba las bocas de aquéllos que temían a sus clientes.

Mi instrumento es el pincel, el tuyo es el picahielo.

El cuarto aspecto que resalto es la confianza que Nise deposita en una herramienta tan poderosa como es la pintura. Es sabido el poder terapéutico de la pintura, muestra de ello es la desarrollada arte terapia de la que disponemos actualmmente.

Los colores, las formas, la composición, la forma de usarlos… todo ello nos cuenta algo más de lo que simplemente vemos: el inconsciente se comunica con nosotros a través de lo plasmado en el lienzo. Ella utilizaba música clásica para acompañar a sus clientes que, si podemos comprender que son libres del “control”, depositaban directamente su inconsciente en cada obra, sin filtros ni condicionantes.

En una persona no psicótica el “control” puede hacerse más presente y dificultar esta vehiculización del inconsciente a través del arte. Sin embargo, contamos con estrategias para dejar el “control” a un lado como la bioenergética o contar sumando.

Mira cómo se divierten… ¿quieres ir con ellos?

Finalmente, esta mujer demuestra su inagotable energía al alentar y apoyar a cada cliente para que se convierta en personas más vinculadas, más sosegadas y más reguladas. En cierto modo es una “dadora” que confía en la esencia humana que cada uno llevamos dentro.

Me resulta una figura inspiradora para mi trabajo, pues ¿acaso no se basa la terapia en el respeto, no juicio, la observación, el trato humano, la vinculación o el apoyo?

Creo que esta es una película, una historia, que debemos conocer y de la cual nutrirnos, terapeutas y colegas, para seguir confiando en nosotros mismos y en nuestra labor, pues la “locura” de estas personas de este centro psiquiátrico bien podría ser la locura de nuestro tiempo, marcada por una sociedad del aislamiento y la soledad, del individualismo, de los prejuicios y las etiquetas. Ahora que abundan los héroes de cartón piedra, Nise da Silveira se erige como una auténtica heroína a la cual seguir.

Nise da Silveira
Deja tus comentarios
Nombre
Correo electrónico
Comentario

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable Juan Francisco Díaz Quiles.
  • Finalidad  Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Tu consentimiento.
  • Destinatarios  OVH Hispano SL.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puedes consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad