Este mudra está muy extendido en las divinidades indias, aunque es también muy común en las interpretaciones de Jesús, precisamente por las propiedades que se le atribuyen: la capacidad de perdonar, ser misericordioso y entregarse al otro. Se conoce también como “mudra de la Gracia”.

Es muy sencillo realizarlo: la mano derecha se coloca hacia adelante, con la palma hacia arriba, los dedos juntos hacia abajo, mientras que la mano izquierda reposa sobre el regazo (otros autores pueden sugerir un cambio en el uso de las manos).

Con este gesto conectamos con la compasión, la visión que nos aporta es muy valiosa a la hora de sanar relaciones complejas o simplemente para valorar la propia humildad, con la cual podemos afrontar relaciones o asuntos que de otra forma serían más molestos.

A modo personal, también nos ayuda a revisar nuestros actos del pasados, liberando notablemente la sensación de culpa que podamos tener, perdonándonos a nosotros mismos para vivir el presente con mayor equilibrio, serenidad, humildad y generosidad.

En general, Varadha mudra nos ayuda a conectar con nuestra compasión y generosidad, y nos abre el camino al perdón a los demás y uno mismo.

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