Acudir a terapia es un paso que está al alcance de cualquiera, pues la terapia es un autocuidado recomendado para todo tipo de personas. Sin embargo, a veces se pueden tener dudas y se deja para otro momento y, poco a poco, el empuje inicial puede caer en el olvido.
Veamos qué señales puedes tener en cuenta y que te ayudarán a saber cuándo es el momento de pedir ayuda.

Punto de partida: cómo te sientes

Uno de los indicadores más fiables para iniciar una terapia son tus sensaciones. Describo algunas de ellas:

«Me siento abatid@, desganad@, sin fuerza para hacer nada, sin motivaciones ni interés.»
La apatía es una señal de que algo no acaba de encajar, pues va acompañada de desmotivación y de pensamientos acerca de las propias capacidades, fomentando una baja autoestima.

«Tengo ganas de llorar a menudo y no sé ni por qué, estoy con una pena que no comprendo.»
La tristeza es una emoción que puede instalarse en nuestras vidas y limitar la experiencia del resto de emociones, predisponiendo el pesimismo, la depresión o  el aislamiento.

«Me siento vací@, sin nada que ofrecer, sin un rumbo, muy perdid@.»
La incertidumbre es una sensación que puede surgir en momentos de la vida inestables a causa de perder un trabajo o una ruptura de pareja, aunque también puede darse el vacío existencial debido a una rutina tediosa y poco estimulante.

«Estoy enfadad@ muy a menudo, me cuesta controlar mi rabia ante los demás.»
La agresividad es una emoción que necesita expresarse aunque tendemos a reprimirla por su rechazo social. Contener los instantes de disgusto o desacuerdo supone retener un impulso natural que puede desviarse a una expresión desmedida, dañina y violenta.

Situaciones incómodas: qué ocurre en tu vida

Otro indicador que nos orienta es la dificultad con la que gestionamos las situaciones de la vida.

«Mi pareja quiere divorciarse de mí, no estamos bien / no sé cómo decirle que no quiero seguir.»
La ruptura de pareja puede ser un momento muy difícil, tanto si eres tú quien siente la necesidad de tomar distancia como si es tu pareja la que da el paso. El abandono, la incomprensión, la frialdad, los celos o la frustración pueden aparecer abruptamente y dificultar este proceso.

«Me cuesta mantener contactos sociales, me pongo nervios@ y no sé qué decir o hacer.»
La inseguridad delante de una persona puede ser muy desagradable, provocando ansiedad ante la idea de conocer a alguien y limitando los posibles encuentros para evitar ese malestar.

«Ha fallecido mi madre y lo estoy llevando muy mal, no me lo acabo de creer.»
La muerte de un ser querido puede ser un golpe brusco difícil de manejar. La negación así como la culpa o la incomprensión pueden surgir en cualquier momento, todas ellas forman parte del duelo, un proceso que necesitamos aprender a transitar.

«Me han despedido del trabajo, tengo muchas facturas que pagar y una familia que mantener.»
El temor que provoca estar sin trabajo puede ir acompañado de indignación, sentirse humillado o desvalorizado, que impiden reconducir la nueva situación hacia un lugar renovado y estable.

 

Cualquiera que sea tu situación, no es necesario sentirte mal o vivir una experiencia conflictiva para iniciar una terapia que te va ayudar a conocerte, comprenderte, sentirte e integrarte. Todo un kit de utilidades para la vida.

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